El comercio presencial sin una tienda virtual, será un negocio irreal

El comercio presencial sin una tienda virtual, será un negocio irreal

El comercio real y el comercio virtual son dos caras de la misma moneda, y el comerciante que crea que tiene futuro vendiendo sólo de forma presencial, lo tiene crudo.

Se acaba de publicar un estudio* en los EEUU, donde se certifica que los nuevos hábitos de compra de los consumidores, relacionados con los dispositivos móviles (antes llamados teléfonos), pueden producir descensos en las ventas en los comercios. Muchos clientes, antes de comprar y pagar, comparan precios, buscan otras ofertas cercanas y se informan instantáneamente antes de pasar por caja. Los comerciantes que no disponen de tiendas online se exponen a ver como se les escapan clientes y a su vez, ver como no reciben más tráfico proveniente de la competencia, y aún más, si el rival ofrece una mejor experiencia en ofertas y precios.

Pero el estallido del fenómeno smartphone no es la única causa por la que un comercio necesita un “espejo virtual” de su negocio. La liberalización de los horarios comerciales, la caída de los precios, el incremento de la exigencia de los consumidores, el empuje de una nueva generación de jóvenes consumidores adaptados a las nuevas tecnologías o la imparable implantación de macro-centros comerciales, son factores suficientemente importantes para “repensar” los negocios comerciales, sean del tipo que sean.

En mi barrio, hay una pastelería que hace unas “cocas de Sant Joan” fantásticas. Dos días antes de la verbena del susodicho día, el tendero dedica un tiempo a decorar el establecimiento de forma adecuada para la ocasión. Guirnaldas, confeti y grafitis en los aparadores para fomentar el consumo. Todo ello es entrañable, pero echo de menos un código QR en la fachada para hacer una consulta o una reserva online. Odio las colas, y mucho mas, sufrir la presión de la señora que viene detrás de mí, que me obliga a decidir rápidamente sobre el peso o el relleno de mi dulce preferido. Estoy convencido que si este comercio abriera su “otro yo” digital en Internet y tuviera una tienda online, multiplicaría sus ventas. Porque podría ofrecer un nuevo servicio a sus vecinos, permitiría a sus fans decidir tranquilamente en el sofá de casa, el presupuesto a destinar de forma tranquila, con la confianza que ese año no se quedaría si la “coca” de toda la vida por llegar tarde a la tienda.  Y quién sabe, incluso otros vecinos de otros barrios podrían apuntarse a la fiesta si el pastelero se dedicara también al reparto a domicilio.

Noticia publicada en el periódico Washington Post

Xavier Folguera

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