Lo que ha pasado en la empresa publicitaria

Lo que ha pasado en la empresa publicitaria

gafasAyer me pidio un peridista que opinara sobre el futuro del negocio publicitario, y sobre la supuesta restructuración del sector. No me he atrevido a dar una respuesta racional al tema, y le he enviado un texto alegórico. Desconozco si le ha resultado adecuado, interesante o qué. No me lo ha dicho. Ese texto lo adjunto a continuación. ¿Tu que opinas?

Nos hemos quedado sin gafas
La transparencia y la opacidad son conceptos antagónicos, pero existen objetos muy cercanos a nosotros donde converge esta dualidad. Como nuestras queridas gafas. Objeto transparente donde los haya, a través del cual hemos contemplado nuestro mundo, la publicidad. Muchos las han utilizado para protegerse del Sol y también para pasearse por las playas de Cannes. En cambio, muchos otros las han utilizado para poder leer la letra pequeña de los contratos, confeccionar ajustados presupuestos o montar simples originales.

Pero la transparencia de las gafas ha desaparecido, porque se han roto. Se han vuelto opacas, simplemente porque las podemos ver, y por cierto, maltrechas y desencajadas. Muchos han descubierto que llevaban encima de su nariz, unas rígidas y pesadas monturas, cargadas de pasta y metal, con marca reluciente incorporada, y que supuestamente les daba una personalidad distinguida. El enfriamiento económico ha provocado algo más que una caída de bruces.

Los clientes de nuestros clientes, ya no quieren ver la publicidad como siempre se les ha presentado. Quieren interactuar con ella, y no que se les imponga. Los anunciantes, al mismo tiempo, se ven obligados a mirárselo desde otra óptica. También ellos están perdiendo sus distinguidos monóculos con los que contemplaban sus opíparos presupuestos. Y por si fuera poco, los premios de publicidad los ganan las campañas inclasificables. El cambio es rápido y profundo.

Habrá quien tenga la simple tentación de cambiar los cristales, pero es muy probable que lo que debería hacer es operarse de los ojos.

Xavier Folguera

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